¿Una Iglesia, un voto?, artículo de Umberto Eco
Publicado por Jordi Guzman en 22 Noviembre 2008
Los turistas europeos que visitan los Estados Unidos tienen la oportunidad de disfrutar de una experiencia singular: los programas religiosos de televisión los domingos por la mañana. Quienes se han perdido estas congregaciones de fieles arrastrados por el éxtasis, con pastores chillando consignas y coros musicales bailando rítmicamente y cantando, se pueden hacer una idea si van a ver la película Borat. Si la han visto, quizá se han pensado que estas escenas son una invención satírica, igual como con el retrato que hace de Kazajstán, en la misma película. Pero no. Lo que muestra Sacha Baron Cohen no es ficción, sino cámara oculta. Solo grabó lo que pasó realmente a su alrededor. Dicho de otra forma: alguna de estas ceremonias religiosas hacen que el ritual napolitano en que la sangre de san Genaro pasa milagrosamente de polvo a liquido parezca un encuentro de racionalistas ilustrados.
Las iglesias más fundamentalistas de Estados Unidos están en contra de la teoría de la evolución de Darwin y en contra del aborto, muchas quieren que rezar sea obligatorio en las escuelas; en algunas ocasiones ha hecho afirmaciones antisemitas y anticatólicas; y de algunas se puede llegar a decir que propugnan hasta teorías segregacionistas. Pero, hasta hace pocas décadas, estas iglesias representaban un fenómeno bastante marginal, con un poder político limitado al llamado Bible Belt, el área del sudeste de los EUA en donde domina un protestantismo evangélico fuertemente conservador. La cara oficial de la nación la representaban unos gobiernos que procuraban separar muy claramente la política de la religión. Incluyendo las universidades, las artes y la literatura, y también Hollywood.
En 1983 un político y escritor italiano Furio Colombo describió los movimientos fundamentalistas en su libro Dios en América: religión y política en Estados Unidos. Muchos entendieron el texto como una profecía pesimista más que como un análisis académico sobre una realidad creciente y perturbadora. Ahora Colombo ha hecho una nueva edición con un prologo nuevo que, esta vez, nadie puede interpretar como una profecía. Según Colombo, la religión entró por primera vez en el escenario político norteamericano durante la campaña presidencial de 1980 el candidato demócrata, Jimmy Carter, era un buen liberal, pero también un ferviente cristiano renacido (born again). El candidato republicano, Ronald Reagan, era conservador, pero también un ex actor y un hombre jovial que podía considerarse religioso solo en el sentido de que iba a misa cada domingo. Pero las sectas fundamentalistas apoyaron a Reagan, y Reagan les pago este favor enfatizando al máximo sus posiciones religiosas. Por ejemplo, nombrando jueces antiabortistas en el Tribunal Supremo.
Así, los fundamentalistas empezaron a dar un amplio soporte a la derecha. Los predicadores más fanáticos también abonaron las políticas belicistas de Reagan en plena carrera militar con la URSS, llegando hasta el extremo de sugerir que el holocausto nuclear podría ser una parte necesaria de la lucha contra las fuerzas del mal.
Otra muestra de esta tendencia es la decisión del ultimo candidato republicano, John McCain, de designar como compañera de candidatura a una mujer conocida por su dogmatismo religioso; y el hecho de que, si bien al principio, los sondeos apuntasen que había sido una buena decisión.
Colombo también apunta que si bien en el pasado los fundamentalistas se oponían a los católicos, ahora los católicos – y no solo en Estados Unidos – se están acercando a posiciones integristas (fijémonos en el curioso resurgimiento del antidarwinismo después de que la Iglesia Católica hubiese firmado un generoso armisticio – por decirlo de alguna manera – con la teoría de la evolución). Recientemente, aquí en Italia, la Iglesia no apoyó al ex primer ministro Romano Prodi – un católico practicante – y prefirió recomendar el voto hacia un laico divorciado y bon vivant. Esto nos lleva a pensar que aún en Italia hay una tendencia predominante que las Iglesias ofrezcan los votos de los creyentes a los políticos que, al margen de cuales sean sus valores religiosos, estén dispuestos a garantizar sus demandas dogmáticamente más rígidas.
Vale la pena reflexionar sobre los discursos del líder evangélico Pat Robertson, en donde dibuja un futuro en donde el humanismo secular será barrido de los centros de enseñanza públicos y los fundamentalistas impondrán su dominio sobre la sociedad.
Articulo traducido del catalán publicado en Avui en 22 de noviembre.



















