Arthur C. Clarke in memoriam

 

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Arthur C. Clarke 1917-2008

Ha muerto uno de los autores que han formado parte de mi historia como lector de ciencia ficción y literatura científica desde que, con apenas 15 años, me leí 2001: Odisea en el espacio. Después le siguieron Perfiles del futuro, El fin de la infancia, Las arenas de Marte, Cita con Rama, Las fuentes del paraíso…leer a Arthur C. Clarke era un placer, una gozada, aprendías leyendo…es un día muy triste para mi. No voy  hacer ninguna reseña biográfica, a estas alturas habrán miles de paginas explicándolas. Pero me gustaría poneros las famosas tres leyes de Clark que ya postee en su momento:

  1. Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, probablemente está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, probablemente está equivocado.
  2. La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse hacia lo imposible.
  3. Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

También poneros una irónica carta dirigida al The Skeptical Inquirer en 1978 en donde explicaba en tono jocoso lo que pensaba de la gente que creía en civilizaciones marcianas (esto hoy puede parecer una barbaridad pero os aseguro que en los setenta algunos se lo tomaban en serio, o por lo menos vendían libros que así lo afirmaban). La he visto en elcorreodigital.

 

Tecnología marciana

Me gustaría señalar que las recientes misiones Mariner y Viking han establecido más allá de toda duda razonable la existencia de una civilización marciana con un alto nivel tecnológico.

La habilidad para camuflar completamente, en unos pocos años, su sistema planetario de canales es un extraordinario logro de la ingeniería. Pero es sobrepasado por la proeza científica de (a) predecir los lugares de aterrizaje de las Viking y (b) descontaminarlos tan a fondo que se eliminó todo rastro de materia orgánica.

Entiendo que destacados expertos como Erich von Däniken y Charles Berlitz están ahora compitiendo entre sí por presentar estas sensacionales conclusiones al mundo.

Arthur C. Clarke.
Colombo, Sri Lanka.

Pero lo mejor de todo esto es que a mediados de los 80 Enrique de Vicente, actual director de Año Cero, le presento esta carta al autor del articulo, Luis Alfonso Gámez, como prueba de que Clarke ¡creía en los marcianos! Gran intelecto el suyo jajajaja.

 

Me gustaría remitiros al post que ha publicado Tecnología Obsoleta, Clarke, más allá del monolito, en donde explica que los libros de Clarke no era en absoluto alta literatura, su estilo era muy plano, aséptico, seco. Pero lo importante de sus libros eran las ideas sobre el futuro y su inestimable contribución a estimular el interés por la ciencia en sus lectores, cosa que, por lo menos en mi, lo logro por completo. Una curiosidad que explica Alejandro Polanco, y que yo no sabia, es que Clarke apareció como extra en la película 2010, odisea dos. En el fotograma se aprecia como da de comer a las palomas al lado del banco en donde el Doctor Floyd habla con su jefe sobre como convencer al presidente para subir a bordo de la Leonov.

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Por ultimo un fragmento de Cita con Rama, si no habéis leído el libro no sigáis leyendo. Aquí se ve perfectamente el estilo desprovisto de florituras y lleno de datos de interés. Cuenta como la nave extraterrestre Rama utiliza la gravedad del Sol para impulsarse lejos del sistema solar.

 

Para entonces, a cinco millones de kilómetros del Sol y acelerando todavía, Rama empezó a desplegar su capullo. Hasta entonces había sido apenas visibles a la máxima potencia de los telescopios del Endeavour como una diminuta barra brillante; de pronto empezó a centellear, como una estrella vista a través de las nieblas del horizonte. Casi parecía como si se estuviese desintegrando. Cuando advirtió que la imagen se quebraba, Norton experimento una aguda sensación de congoja por la perdida de tanta maravilla. Pero luego se dio cuenta de que Rama seguía allí, aunque rodeado de una bruma rielante.

Y de pronto desapareció. En su lugar quedaba un objeto brillante, parecido a una estrella sin disco visible, como si Rama se hubiese contraído convirtiéndose en una pelota diminuta.

Pasó algún tiempo antes de que calcularan qué había sucedido. Rama había desaparecido realmente. Ahora estaba rodeado de una perfecta esfera reflectora, de unos cien kilómetros de diámetro, y lo único que se veis era el reflejo del mismo Sol sobre la porción curvada más próxima a la nave. Detrás de esta burbuja protectora, Rama estaba presumiblemente a salvo del infierno solar.

Con el correr de las horas, la burbuja cambió de forma. Era la imagen del Sol alargada, distorsionada. La esfera se convirtió en un elipsoide, con su largo eje apuntando en la dirección de la evasión de Rama. Fue entonces cuando los primeros informes anómalos empezaron a llegar desde los observatorios robot que, desde hacia casi doscientos años, mantenían una guardia permanente en el Sol.

Algo ocurría al campo magnético solar en la región alrededor de Rama. Las líneas de fuerza de un millón de kilómetros de largo que rodeaban la corona y lanzaban sus nubes de gas ionizado a velocidades que a veces desafiaban incluso la aplastante gravedad del Sol, se formaban alrededor de ese resplandeciente elipsoide. Nada era visible al ojo humano, pero los instrumentos orbitales informaban de cada cambio en el flujo magnético y la irradiación ultravioleta.

Y al fin hasta el ojo humano pudo apreciar los cambios en la corona. Un tubo o túnel de brillo débil, de cien kilómetros de largo, había aparecido en la atmósfera exterior, arriba del Sol. Era ligeramente curvado, inclinado sobre la orbita trazada por Rama, y el propio Rama – o el capullo protector que lo rodeaba – era visible como una burbuja resplandeciente que corría más y más ligero dentro de ese fantasmagórico tubo a través de la corona.

Porque seguía aumentando su velocidad. Ahora se movía a más de doscientos mil kilómetros por segundo, y no había peligro de que se convirtiera nunca en un cautivo del Sol. Ahora, por fin, la estrategia de Rama se tornaba evidente. Se había acercado tanto al Sol simplemente para extraer su energía de la fuente misma, y poder seguir su viaje con mayor rapidez hacia el desconocido destino definitivo.

Y otro pasaje de Las fuentes del Paraíso.

Entre el Paraíso y Taprobane hay cuarenta leguas; desde allí puede oírse el sonido de las Fuentes del Paraíso

Descanse en paz maestro.

1 Comentario(s)

  1. Comentario por Ynés Trujillo Vidal, Consejero Político Dpl. Relaciones Internacionales/ACADEMIA DIPLOMÁTICA DEL PERU on Marzo 20, 2008 9:38 am

    Sir Arthur Charles Clark dejó un legado de su capacidad de análisis sin perderse en su propia imaginación. Su acercamiento y fascinación por los cuerpos celestes lo llevó inevitablemente a inclinarse seriamente por el género de la ciencia ficción. Amante del buceo, deporte que -según él- emula a la gravedad cero; por ello, su residencia en Sri Lanka. Visionario nada excéntrico de lo que pueda deparar a este achacoso planeta, lleno de finitud, cotidianamente martirizado por el calentamiento global y amenazado de ataques que ponen hoy al planeta en situación de cuarentena.
    Una prosa cargada de reflexiones, sesudos juicios, una literatura en clave devela sin ánimo sombrío la exposición de la tierra frente a cuerpos extraños propios de la energía del universo. Un lúcido escapista que compaginó la ciencia con la ficción, un soñador de realidades nada lejanas con una clara mesura a espacios de optimismo. Su convención vocacional hacia el desprendimiento y una avezada madurez le han hecho retratarnos esa interioridad apremiada en sucesos que van más allá de este espacio terrestre y no menos caótico. Sus obras cumbres “2001: Una odisea en el espacio”, “Cita con Rama”, etc. Leyes de Clarke:

    “La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse hacia lo imposible.”
    “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.”
    “Frente a cada experto, existe otro experto igual y opuesto.”
    “Esta es la primera época que ha prestado mucha atención al futuro, lo cual no deja de ser irónico, ya que tal vez no tengamos ninguno.”

    Su filosofía un vínculo estrechísimo y una permisividad adicta y recurrente al vértigo cotidiano; aún con los sobresaltos históricos y políticos de la época que le tocó vivir ha transitado con tanta familiaridad en un cosmos tan lejanamente cercano; siendo partícipe activo y comprometido de esas exploraciones sistemáticas y pertinentes tras una lúcida sublimación y abstracción sospechosamente filial.

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