El conde Sisebuto
Publicado por Jordi Guzman en 25 Enero 2008
Esta es un monologo humorístico que mi padre me recitaba cuando era un crío con gran placer por mi parte. Su autor es Joaquin Abati Diaz (1865-1936) conocido escritor y libretista de zarzuelas.
A cuatro leguas de Pinto
y a treinta de Marmolejo,
existe un castillo viejo
que edificó Chindasvinto.
Perteneció a un gran señor
algo feudal y algo bruto;
se llamaba Sisebuto,
y su esposa, Leonor,
y Cunegunda, su hermana,
y su madre, Berenguela,
y una prima de su abuela
atendía por Mariana.
Y su cuñado, Vitelio,
y Cleopatra, su tía,
y su nieta, Rosalía,
y el hijo mayor, Rogelio.
Era una noche de invierno,
noche cruda y tenebrosa,
noche sombría, espantosa,
noche atroz, noche de infierno,
noche fría, noche helada,
noche triste, noche oscura,
noche llena de amargura,
noche infausta, noche airada.
En un gótico salón
dormitaba Sisebuto,
y un lebrel seco y enjuto
roncaba en el portalón.
Con quejido lastimero
el viento fuera silbaba,
e imponente se escuchaba
el ruido del aguacero.
Cabalgando en un corcel
de color verde botella,
raudo como una centella
llega al castillo un doncel.
Empapada trae la ropa
por efecto de las aguas,
¡como no lleva paraguas
viene el pobre hecho una sopa!
Salta el foso, llega al muro,
la poterna está cerrada.
-¡Me ha dado mico mi amada!
-exclama-. ¡Vaya un apuro!
De pronto, algo que resbala
siente sobre su cabeza,
extiende el brazo, y tropieza
¡con la cuerda de una escala!
-¡Ah!… -dice con fiero acento.
-¡Ah!.. -vuelve a decir gozoso.
-¡Ah!.. -repite venturoso.
-¡Ah!.. -otra vez, y así, hasta ciento.
Trepa que trepa que trepa,
sube que sube que sube,
en brazos cae de un querube,
la hija del conde, la Pepa.
En lujoso camarín
introduce a su adorado,
y al notar que está mojado
le seca bien con serrín.
-Lisardo … mi bien, mi anhelo,
único ser que yo adoro,
el de los cabellos de oro,
el de la nariz de cielo,
¿qué sientes, di, dueño mío?,
¿no sientes nada a mi lado?,
¿que sientes, Lisardo amado?
Y él responde: -Siento frío.
-¿Frío has dicho? Eso me espanta.
¿Frío has dicho? eso me inquieta.
No llevarás camiseta
¿verdad?… pues toma esa manta.
-Ahora hablemos del cariño
que nuestras almas disloca.
Yo te amo como una loca.
-Yo te adoro como un niño.
-Mi pasión raya en locura,
si no me quieres, me mato.
-La mía es un arrebato,
si me olvidas, me hago cura.
-¿Cura tú? ¡Por Dios bendito!
No repitas esas frases,
¡en jamás de los jamases!
¡Pues estaría bonito!
Hija soy de Sisebuto
desde mi más tierna infancia,
y aunque es mucha mi arrogancia,
y aunque es un padre muy bruto,
y aunque temo sus furores,
y aunque sé a lo que me expongo,
huyamos… vamos al Congo
a ocultar nuestros amores.
-Bien dicho, bien has hablado,
huyamos aunque se enojen,
y si algún día nos cojen,
¡que nos quiten lo bailado!
En esto, un ronco ladrido
retumba potente y fiero.
-¿Oyes? -dice el caballero-,
es el perro que me ha olido.
Se abre una puerta excusada
y, cual terrible huracán,
entra un hombre…, luego un can…,
luego nadie…, luego nada…
-¡Hija infame! -ruge el conde.
¿Qué haces con este señor?
¿Dónde has dejado mi honor?
¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde?. ¿dónde?
Y tú, cobarde villano,
antipático, repara
cómo señalo tu cara
con los dedos de mi mano.
Después, sacando un puñal,
de un solo golpe certero
le enterró el cortante acero
junto a la espina dorsal.
El joven, naturalmente,
se murió como un conejo.
Ella frunció el entrecejo
y enloqueció de repente.
También quedó el conde loco
de resultas del espanto,
y el perro… no llegó a tanto,
pero le faltó muy poco.
Desde aquel día de horror
nada se volvió a saber
del conde, de su mujer,
la llamada Leonor,
de Cunegunda su hermana,
de su madre Berenguela,
de la prima de su abuela
que atendía por Mariana,
de su cuñado Vitelio,
de Cleopatra su tía,
de su nieta Rosalía
ni de su chico Rogelio.
Y aquí acaba la leyenda
verídica, interesante,
romántica, fulminante,
estremecedora, horrenda,
que de aquel castillo viejo
entenebrece el recinto,
a cuatro leguas de Pinto
y a treinta de Marmolejo




















passy escribió
Con el mayor respeto a tu padre y por si no lo concieras, te dejo el texto íntegro de “La venganza de don Mendo” de d. Pedro Muñoz Seca y de la que parece traer causa este “conde Sisbuto”. Si no lo lees entero te aconsejo que con “buscar” te coloques en “escala”, “siete y media”, “abad” o “ha de antiguo la costumbre”. También te tirarás por el suelo.
Saludos.
passy escribió
Precipitéme en la entrada,
pues dice la biografía
que Joaquín Abati Díaz
ya tenía preparada
su chispeante poesía
sin que hubiese galerada,
ni pruebas de ortografía,
de la que es hoy en día,
de Muñoz indubitada,
joya de su factoría.
Jordi Guzman escribió
Es decir, entonces ¿es un plagio, o algo parecido? no lo acabo de tener claro.
Passy escribió
Creí al principio que era un remedo de La venganza de don Mendo, pero viendo las fechas ésta es posterior. La escena en la que don Mendo trepa por la escala para ver a su amada es muy parecida a ésta de Sisebuto. La verdad es que en todos los escarceos amorosos medievales hay escalas, almenas, primos y dagas, incluso en Romeo y Julieta, pero entre Sisebuto y don Mendo hay, además de la caricatura, cierto aire de familia. Así que, a la vista de las fechas, tal vez Muñoz seca debió leer a Abatí y no al revés como entendí precipitadamente,
Saludos.
WALKIRIA escribió
Puede que tengas razón, Passy, ya que Joaquín Abati tenía 14 años más que Pedro Muñoz Seca.
Un saludo
sorgin70 escribió
Me ha gustado mucho volver a leerlo, a mí me lo contaba mi abuela y era escucharla cómo la entonaba, muy guapo, la verdad, muy buenos recuerdos…
Gracias.
Jordi Guzman escribió
De nada Sorgin70 a sido un placer para mi también recordar viejos tiempos.
Saludos
Gykiara escribió
Me encanta
a mi me lo recitaba mi madre cuando era una cría
Jordi Guzman escribió
A mi me lo recitaba mi padre. Y me reía un montón.
Saludos