Henry Cavendish
Publicado por Jordi Guzman en 30 Octubre 2007
Henry Cavendish (1731 – 1810) fue un notable físico y químico que, entre otras cosas, demostró que el agua estaba compuesta de oxigeno (aire deflogistizado lo llamaban por entonces) e hidrógeno (flogisto) o cual era el peso de la Tierra (con extraordinaria exactitud). Extremadamente tímido hasta lo patológico se aisló del mundo hasta el extremo de insistir a sus criados que se comunicaran con él por escrito, su desinterés por la fama y la fortuna, aunque era nieto de un duque y durante gran parte de su vida fue uno de los hombres mas ricos de Inglaterra, su ingenuidad y la incomprensión hacia las relaciones humanas son realmente únicas. En la biografía que le dedico George Wilson en 1851 se pueden leer cosas como esta:
“No amó; no odió; no albergo esperanza de ningún tipo; no tuvo miedos; no veneró nada ni a nadie. Se aparto de los demás y, aparentemente, de Dios. No había nada apasionado, entusiasta, heroico o caballeroso en su naturaleza, y tampoco había nada mezquino, sórdido o innoble. Carecía prácticamente de pasiones. Todo aquello que para comprender precisaba otra cosa que no fuera el puro intelecto, o exigiera el ejercicio de la fantasía, la imaginación, el afecto o la fe, le resultaba desagradable a Cavendish. Todo lo que descubro al leer sus diarios es una mente puramente intelectual, unos ojos maravillosamente agudos que observan y un par de manos muy diestras que experimentan o toman notas. Su cerebro parece haber sido una maquina de calcular; sus ojos, puros instrumentos de visión, no fuentes de lagrimas; sus manos instrumentos para la manipulación que jamás temblaron de emoción, ni se juntaron para adorar, dar gracias o desesperarse; su corazón no fue mas que un órgano anatómico, necesario para la circulación de la sangre…
Cavendish no se sentía por encima de los demás con un espíritu orgulloso o altanero, negándose a considerarlos sus semejantes. Se sentía separado de ellos por un enorme abismo que ni él ni ellos podían cruzar, y a través del cual de nada servia tender manos o intercambiar saludos. Una sensación de estar aislado de sus semejantes le hacia evitar su compañía y su presencia, pero lo hacia consciente de que era una enfermedad, no jactándose de ser alguien superior. Era como un sordomudo que se sentía aparte de los demás, y cuyas expresiones y gestos muestran que esa gente esta diciendo algo y escuchando música y palabras elocuentes, que él es incapaz de producir ni recibir. Sabiamente, por tanto, se mantuvo apartado, se despidió del mundo y se impuso los votos del Anacoreta Científico, y, al igual que los monjes de antaño, se encerró en su celda. Era un reino suficiente para él, y desde su estrecha ventana veía toda la parte del Universo que le interesaba. Era también un trono, desde el que dispensaba regios obsequios a sus semejantes. Fue uno de esos benefactores de su raza que jamás recibieron gratitud, y sirvió y enseño con paciencia a la humanidad, mientras ésta se apartaba de su frialdad o se burlaba de sus rarezas…No fue Poeta, ni Sacerdote, ni Profeta, sino simplemente una Inteligencia fría y lucida que emitía una pura luz blanca, que iluminaba todo lo que tocaba, pero sin calentar nada: una Estrella de segunda, sino de primera magnitud, en el Firmamento Intelectual”.
Oliver Sacks se pregunta que patología podía tener este hombre; concluye que posiblemente padecía un “autismo genial único”
Fuentes: Oliver Sacks. El tío Tungsteno y Wikipedia.





















M. Menchén Antequera escribió
Un hombre ciertamente singular, memorable como experimentador científico, que se devanó la cabeza en 1789 para encontrar la forma de comprobar, por vía experimental, el valor numérico de la constante de la gravitación (G) introducida en la física por Newton 106 años antes… Cavendish observó por primera vez la atracción mutua de los cuerpos. Sus ensayos tienen una importancia enorme para la física, no sólo porque midió el valor de la constante de la gravitación, sino y principalmente porque con el experimento mostró la universalidad de la Ley de la Gravitación.
Galindo Cicuendez escribió
Falla el programa. Sigue apareciendo el último comentarista.
Jordi Guzman escribió
Efectivamente M. Menchén, gracias a comprobar el valor de G pudo determinar el peso del planeta.
No entiendo que quieres decir Galindo, ¿en que falla?
Saludos a los dos