El ejercito romano (III)
Publicado por Jordi Guzman en 28 Agosto 2007
Las tropas auxiliares del ejercito romano (auxilia) se reclutaban mediante alistamiento obligatorio (dilectus) y eran organizados en unidades de infantería (cohortes) y de caballería (alae) de 500 hombres, al mando de oficiales romanos del orden ecuestre (praefecti). Originalmente la conscripción de las correspondientes unidades se hizo con tropas procedentes del mismo grupo étnico; de ahí los nombres que estas tropas llevaban: astures, tracios, tongrios, sirios, retios… De este modo al tratarse de pueblos con cultivo de actividades guerreras y en no pocas ocasiones de reciente sometimiento, se sustraía al grupo de los elementos jóvenes mas activos en disposición de luchar, trasladados a frentes muy alejados de sus hogares. Los cuerpos auxiliares se convirtieron en un elemento muy importante de romanización, no solo como consecuencia del efecto que sobre provinciales procedentes de las mas apartadas regiones del Imperio operaban un servicio de veinticinco años bajo mandos y organización romanos, sino por que el licenciamiento regular (honesta missio) entrañaba la concesión de la ciudadanía romana. Este privilegio no sabemos si fue establecido ya por Augusto; en todo caso, a mitad del siglo I los veteranos auxiliares gozaban ya del derecho a la ciudadanía, que les era reconocido expresamente en un documento especial, el diploma militar o certificado de licenciamiento. Las unidades auxiliares adscritas en principio a las legiones, fueron a lo largo del tiempo independizándose, incluso con el establecimiento de cuarteles propios, y aproximaron sus tareas y objetivos a los de las tropas legionarias.
Es también obra de Augusto la creación de una flota de guerra permanente, que puso fin a la tradicional falta de interés, por no decir repugnancia, de la República por el control del mar, en el que, sin embargo, se había visto obligada a librar sus batallas mas decisivas y del que dependía en gran medida su economía. No fue, sin embargo, un proyecto de gran alcance: el princeps organizo dos bases navales en Italia destinadas a ser durante siglos los cuarteles generales de las dos mayores flotas romanas: Miseno, en la bahía de Nápoles, y Ravena, en la desembocadura del Po. También en algunas provincias estaciono Augusto flotas permanentes. Conocemos así la classis Alexandrina de Egipto y las flotillas fluviales del Rin y Danubio. Las fuerzas navales romanas
cumplieron su función durante el Imperio, una función múltiple que incluía el control del Mediterráneo, sobre todo por lo que respecta a la represión de la piratería, el transporte de tropas y la rápida transmisión de ordenes y noticias entre el gobierno central y las provincias.
Las fuerzas armadas del principado se completaban con los cuerpos especiales estacionados en la capital: nueve cohortes pretorianas, las cuatro cohortes urbanas y las siete vigies; en total, unos diez mil soldados con funciones especificas inmediatas a la persona del emperador, que todavía contaba con un cuerpo de guardia germánico, los germani corporis custodes.
El Imperio romano. José Manuel Roldán, José Maria Blázquez, Arcadio del Castillo. Ediciones Cátedra.
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