Leonardo y Miguel Ángel
Publicado por Jordi Guzman en 15 Noviembre 2006
En 1503 la Republica de Florencia a través de la Signoria (una suerte de primer ministro del consejo de gobierno) le encarga a Leonardo Da Vinci que pinte un enorme mural en una pared de la gran sala llamada Maggiore Consiglio - Gran Consejo - en la primera planta del Palazzo Vecchio. Leonardo por entonces tenia 51 años y era una celebridad que hoy llamaríamos mediática, pues era conocido en toda Europa como artista, ingeniero, músico y un sin fin de habilidades intelectuales y artísticas que seria tedioso enumerar, tan enorme era su sabiduría. Fue una decisión arriesgada, pero, pues el artista acababa pocas obras en las que se veía involucrado, aunque era un encargo oficial y de envergadura, por lo que el toscano acepto encantado. Cuando no llevaba ni un año trabajando a medio ritmo, como era lo normal en él, la ciudad encarga nada menos que a Miguel Ángel Buonarroti que pinte un fresco en la misma sala pero en la pared opuesta. Fue una jugada maestra, pues reunía en un mismo lugar a los dos artistas mas conocidos de la época y los enfrentaba artísticamente, pensando, equivocadamente, que estimularía a los genios en una carrera para pintar el mejor fresco. Leonardo y Miguel Ángel no se llevaban bien, el primero estuvo en el consejo para determinar la posición del David, una de las obras maestras de Buonarroti, en Florencia y, en su opinión lo que se tenia que hacer era ‘…ponerla detrás de un murete frente al Palazzo Vecchio, para que no moleste en las procesiones y actos públicos’. Su recomendación, finalmente, no fue escuchada y pusieron la estatua en medio de la plaza de la Signoria, donde actualmente aun esta una copia a tamaño natural. A Miguel Ángel ciertamente no le gusto nada la actitud de Leonardo para con él. Por otra parte es lógico que se molestase pues, algo hay de verdad en la envidia (seguramente sana) que sentía da Vinci por el joven escultor, poeta, arquitecto y pintor de veintinueve años. El problema es que Buonarroti tenia muy mal genio y tuvieron por lo menos dos broncas formidables. En una de ellas, unos hombres charlaban con Leonardo en la calle y le preguntaron si podía aclararles un asunto literario, en concreto, sobre unos versos de Dante. El maestro, viendo que en esos momentos pasaba Miguel Ángel por allí, les dijo que se lo preguntasen a él, nada mas oír lo que decía da Vinci, se giro en redondo y le soltó ‘ acláraselo tu, que diseñaste un caballo para fundirlo en bronce y, al no poder hacerlo, tuviste que abandonarlo, cubriéndote de vergüenza’, sin venir mucho a cuento, la verdad, marchándose inmediatamente después, lo que dejo a Leonardo con la palabra en la boca y rojo de ira. Hacia unos años Leonardo habia proyectado una enorme estatua ecuestre del Duque Ludovico Sforza, llamado El Moro, gobernante de Milán, que no paso de la etapa de modelaje en arcilla; por culpa de la guerra que iban a entablar en breve con los franceses (que perdieron), todo el metal preparado para la escultura fue utilizado mas tarde para fundir cañones y proyectiles. Esta estatua hubiese sido difícil de llevarla a cabo por querer Leonardo fundirla de una pieza, una monumental tarea, muy compleja técnicamente y a eso se refería Miguel Ángel cuando le espeto, criticando la forma de trabajar de su colega y atacando donde mas le dolía al de da Vinci.
Batalla de Cascina
Miguel Ángel después de pintar el cartón, un boceto a tamaño natural del fresco, a los cuatro meses de recibir el encargo, marcha hacia Roma para trabajar para el Papa Julio II, un miembro de la familia Médicis, dejando el encargo sin terminar. Los que vieron el cartón dijeron que era magnifico, representa la Batalla de Cascina a través de unos soldados que, al ser sorprendidos mientras se bañan en un río, por un ataque enemigo se apresuran a salir del agua y vestirse. El autor nos ofrece una visión secuencial de la acción con soldados en el agua, saliendo de ella, vistiéndose y finalmente marchando hacia el campo de batalla, según una copia de la época.
En estos cartones los artistas experimentaban la composición de la obra y acostumbraban a ser muy detallados, de da Vinci se conservan algunos que son contemplados como obras de arte al mismo nivel que las obras acabadas. Si estaban pintados a escala servían, una vez cuadriculados, para traspasarlos a la pared conservando las proporciones, pero si eran a tamaño natural el procedimiento era mas complejo e interesante. Primero se agujereaba el cartón con finos alfileres, miles de agujeros, siguiendo los trazos, después se coloca en su lugar y se espolvorea con carboncillo en polvo para fotocopiar el boceto sobre la pared, al retirar el cartón debía aparecer debajo el dibujo preparatorio.
Batalla de Anghiari
Leonardo, pinto algo mas que el cartón. Una gran parte central del muro estaba coloreada ya y el boceto que hizo, del cual hay una magnifica copia atribuida a Rubens, era una obra maestra. La Batalla de Anghiari representa un espeluznante choque entre caballos y jinetes repartiendo mandobles con las caras contorsionadas y expresiones de dolor, ira y terror. Como si de un reportero moderno se tratase el artista nos ofrece una instantánea de la batalla, una fotografía de portada. Pero no llego a acabar la obra, a los tres años después de recibir el encargo abandona Florencia.
Muchos de los datos que conocemos sobre la pintura y arte en la Italia del renacimiento se los debemos a Giorgio Vasari, historiador del arte, arquitecto y pintor, el cual nació unos años mas tarde que Leonardo. Fue uno de los primeros en racionalizar el estudio del arte, proponiendo muchos términos que hoy se usan habitualmente. En las cortas biografías que escribió sobre el genial toscano y otros, su famoso y gran libro ‘Vidas de los mas excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros tiempos’, publicada en 1550, Vasari consigna la belleza del fresco inacabado, pues es seguro que lo vio en persona y, azares del destino, años mas tarde le encargan el trabajo de pintar la mayoría de paredes de la misma sala. Así pues, tenemos una enorme sala totalmente pintada con frescos y una obra inacabada de Leonardo da Vinci escondida debajo. Vasari, como si adivinase alguna búsqueda futura, dibujo un mensaje diminuto que solo puede leerse con prismáticos desde el suelo: “Busca y encontraras’”
Fuente: Leonardo el vuelo de la Mente. Charles Nicoll























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